Como hacer el ridículo sin morirse (2)

Soy un tipo nervioso. No puedo dejar las cosas a medio hacer. Cuando un libro no está del todo alineado en la mesa de salón, primero tengo que corregirlo, antes de que pueda ver mi película favorita en el video (o escuchar mi canción favorita de mi banda favorita). Tomarme el tiempo y relajarme en lugar de arreglar algo de inmediato, es difícil para mí.

Una mañana estaba tomando una ducha larga y caliente en el cuarto de baño, que no tenía ventanas, de modo que todo el vapor quedó dentro, como si fuera una sauna. Probablemente fue el calor y la humedad que provocó que la bombilla de repente explotó. Fragmentos de vidrio volaron por todas partes y aterrizaron en el suelo. Rápidamente apagé el agua y abrí la puerta del cuarto de baño para dejar entrar algo de luz. Entonces ví que, curiosamente, algunas piezas de la lámpara, el casquillo y la base del contacto eléctrico de la bombilla aún estaban atornillados en el enchufe.

“Bueno, primero sacamos esto”, pensé sin pensar más ni tomar el tiempo para secarme. Así que, aún desnudo y mojado, me puse en los puntos de pies, tendí la mano y procuré sacar la bombilla del enchufe.

Soy alto pero por suerte el techo era tan alto que tuve que ponerme en los puntos de pie. La electricidad pasó directamente a través de mi mano derecha, viajó a través de una parte de mi tronco, y luego procedió a lo largo de la cadera, la pierna derecha y, finalmente, los dedos de mis pies. La fuerza era suficientemente fuerte como para perder el equilibrio y, así, romper el contacto eléctrico.

Estaba tumbado en el suelo entre las piezas de vidrio, durante quizás un minuto, mientras me daba cuenta de que apenas había escapado de la tumba. Reí maniáticamente, susurré: “sigo vivo” con una voz como si estuviera actuando mi parte en una película de David Lynch, y luego me levanté, apagé la luz, salí del cuarto del baño y apagé la electricidad principal también, por sí acasissimo acaso.

Fui al salón y me senté, todavía desnudo y mojado, en el sofá y respiré hondo.

(In english)

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En el metro

Es de noche y estoy un poco bebido. No tengo faena. Llevo unos meses sin trabajo. Estoy en la parada de metro “Selva de Mar” a las 10 y media. No hay ni dios. Sólo estoy yo, esperando al metro que llegará en 3 minutos y 42 segundos… 41 segundos… 40 segundos. Pienso que no me gusta nada esperar. Y que no tengo faena.

Cuando llega el metro, entro. Me siento. Miro a mi alrededor. Sorprendentemente, no hay nadie. Todo el vagón está vacío. Estoy completamente solo. No sé por qué pero no me siento cómodo. Debería sentirme de maravilla: por fin sin gente, sin ruido, sin molestias. Pero tengo la sensación que hay algo malo en el aire. Y no soy uno de esos que creen en chorradas como malas vibraciones y tal. Pero me siento como si estuviera en el sueño típico en que estoy desnudo en la escuela o (por una extraña razón es aún peor) sólo en pijama. No tiene nada que ver, pero así me siento.

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Clic


1.
A su hijo menor de 4 años le encantó encender y apagar la luz continuamente. Lo hizo durante todo el día y en todas partes de la casa. Pero sobre todo en su propio dormitorio. Si esto fue la causa de todo esto no se puede establecer definitivamente, pero el hecho es que un día el foco de luz (cuando estos aún estaban a la venta) desde el techo de su sala estalló en mil pedazos. Encendido y apagado con demasiada frecuencia era la hipótesis de papá. Y él debería saberlo porque su trabajo tenía algo que ver con la electricidad o algo así. El hijo menor de 4 años de hecho estaba en la habitación, fue papá mismo quien encendió la lámpara y causó la pequeña explosión. Por suerte, los fragmentos no volaron demasiado lejos, gracias a la lámpara sueca. También, por fortuna, el hijo menor de 4 años no estaba allí. De hecho, ¿dónde demonios estaba él? Con un lado de la zapatilla papá puso las piezas de vidrio al lado. Ahora tuvo que extraer la bombilla. No quedaba mucho de la propia bombilla así que tuvo que tocar el casquillo mismo. Papá era un hombre sabio y prudente. Así que primero desconectó el interruptor de la luz y luego abrió las cortinas para que tuviera suficiente luz. Y ahora al grano! Pero eso era más fácil decirlo que hacerlo. La bombilla había sido puesto muy firme y necesitó las dos manos para tratar de extraer la maldita cosa de la toma. Y mira, allí apareció el hijo menor de 4 años también en la habitación. Papá tenía toda su atención sobre el trabajo a mano, así que no había nada para detener al muchacho. Clic!

(Mala suerte para papá, por supuesto, pero es mucho peor para el hijo de 4 años, que aún tiene toda su vida delante.)

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