7 doctors

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JEEZ

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el árbol

El árbol crece
pero no me pertenece
ni a tí

Esta poesía
es una auténtica mierda
pero rima
(aunque dicho sea: no muy bien)

Ahora que
he llegado a
la parte cerca del
final

Sólo queda
pa decir
menos mal

 

La Cara

Entré en el tren del metro en la parada Maragall. Conseguí encontrar una silla vacía y allí me quedé medio dormido. Eran las 8, demasiado pronto para estar despierto. Aunque tenía los ojos cerrados, noté una luz que me molestaba y al abrir mis ojos vi una luz parpadeante que venía de una de las pantallas que colgaban en el tren. Tanto los trenes del metro como muchas paredes de las estaciones de metro en Barcelona tienen pantallas para que no se aburran los pasajeros. Allí ponen todo tipo de publicidad, avisos de robos y noticias del día. Seguía mirando la pantalla durante unos minutos y de repente me di un respingo y abrí mis ojos de par en par. ¿Esto qué había sido? No me lo podía creer pero después de unos cuantos minutos se repitió la misma imagen. Era yo. Mi cara. Sólo estaba en la pantalla durante unos pocos segundos, pero no me cabía ninguna duda que era yo. Me sonrojé y miré al mi entorno para ver si alguien más me había visto. Parecía que no. ¿Cómo habían conseguido una imagen de mí? ¿Y por qué? ¿Y quién? No era ni anuncio ni noticia, sólo mi cara sin más. Me quedé en el tren hasta el final de la línea y luego me quedé para la vuelta. En total vi aparecer la imagen de mi cara 56 veces durante el trayecto. Hice unas fotos de la pantalla con mi “smartphone“. Bajé en Diagonal, donde había una taquilla de información. Me quedé a unos metros de distancia del mostrador, dudando sobre qué hacer. Había dos personas en uniforme, un hombre y una mujer, atendiendo a un grupo de personas que, juzgando por la cantidad de cámaras, mapas y gestos de confusión, eran turistas. Detrás de ellos había otra pantalla mostrando un anuncio. Tardaron más que medio hora en ayudar al grupo y después había una pareja de edad avanzada que también necesitaron ayuda. Mientras tanto, mantenía mi distancia y miraba la pantalla. Cuando se fue la pareja, me quedé esperando, sin saber qué hacer. Justamente entonces, otra vez apareció mi cara en la pantalla. Lo tomé como una señal y me acerqué al mostrador.
«¿Ves?» dije y indiqué la pantalla con un dedo. Los dos miraron en la dirección indicada y luego volvieron a mirarme a mi, claramente sin entender qué quería decir. Por el rabillo del ojo vi desaparecer la imagen de mi cara del televisor.
«¡Soy yo! ¡Era mi cara en vuestra pantalla!» Sonaba ridículo incluso para mis propios oídos. «Mira…» dije y les mostré las fotos en mi móvil. Habían unas cuantas. Los dos miraron a las fotos y luego a mi y evidentemente seguían sin entenderme.
«¡Soy yo!» exclamé.
«No. No lo eres», dijo la mujer. Se encogió los hombros y se giró para atender a una chica japonesa que quería ir a la Sagrada Familia.
«Es más», añadió el hombre, «ni siquiera os parecéis mucho». Pero cuando vio mi cara incrédula, sacó un objeto desde abajo del mostrador. «Mira, uno de los cuántos objetos perdidos que encontramos cada día». Era un espejo. Me lo acercó para que viera mi cara.
¿Pero…, ésta era mi cara? Tenían toda la razón. La cara que ví en el espejo era completamente diferente de la que había fotografiado.
«Ten», me dijo y me dio el espejo. «Me parece que te hace falta».
Le di gracias y me fui con el espejo: tenía mucho en que pensar.

Todos juntos

La gente que quiere votar por “Junts Pel Si” tiende a disculparse por la presencia de Artur Mas y CDC en esta lista. Claro, es bastante extraño proclamar que quieres un “pais mejor” de “gente trabajador y seria” (cómo se puede decir estas palabras sin vomitar es un misterio) sin influencias de la malvada corrupción y tendencias anti-democráticas típicas de la política española y – especialmente – del PP, si a la vez apoyas a un grupo político que cuenta con la prominente presencia del CDC que tiene amplia experiencia con corrupción, apoyo incondicional a una policía violenta y muchos acuerdos políticos con – especialmente – el PP. Aún más si te das cuenta que si gana “Junts Pel Sí”, Artur Mas probablemente seguirá como presidente de la Generalitat, sin haber tenido que justificar su mandato nefasto de los últimos años.

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Atrás

Era temprano por la mañana y me encontré en el andén del metro, leyendo un periódico. Tan absorto estaba en mi lectura, que sólo oí que el metro había llegado sin mirarlo. Una voz por el intercomunicador dijo algo ininteligible, primero en catalán, luego en castellano, pero no presté atención. Oí que las puertas se abrieron y hice un paso adelante. Un hombre salió del metro y colisionó conmigo. Siempre me dan rabia la gente que bloquean las puertas del tren.
«¡Tonto!» me dijo el hombre que había salido.
«Perdón» dije, ocultando mi cara detrás del periódico y entré en el tren. Las puertas se cerraron y pronto el tren estaba en marcha.
Cerré el periódico y me senté. Entonces me di cuenta de que no había nadie en el tren salvo una niña, que estaba sentada en el banquillo en frente. Debía tener unos 10 años. Llevaba un vestido que era demasiado grande para ella y parecía un vestido para una persona mayor. El tren se aceleraba aún más, y no se detuvo en la estación siguiente.
«Hola» le dije a la chica.
Me señaló con un dedo: «No deberías estar aquí»
«¿Por qué no?»
Se encogió de hombros.
«Entonces, ¿por qué estás tú aquí?» dije.
«Tardé demasiado tiempo en decidirme. Y después ya era tarde.»
No la entendí.
«Entonces, ¿a dónde vamos?»
«Atrás» dijo. Atrás.
«Pero …» le dije e hice un gesto con la mano para imitar el movimiento del tren que claramente iba hacia adelante. Pero ella negó con la cabeza y señaló su reloj. Era un antiguo reloj de oro y era tan pequeño que no podía leer el tiempo, sólo vi una carátula de reloj borrosa. Me preguntaba qué le pasaba a esta chica. ¿Por qué estaba aquí, sola? ¿Dónde estaba todo el mundo? Todo me parecía muy extraño. Además, pasaron muchas estaciones y el tren no se detuvo en ninguna.
«Así que, si no se permite pasajeros» le dije «¿Por qué el tren paró para mi? ¿Por qué me dejó entrar?»
«El tren no paró para dejarte entrar sino para dejarte salir.»
Seguía sin entenderla. Poco a poco, el tren había empezado a desacelerar. Pasó otra estación sin parar, pero claramente estaba bajando de velocidad. De repente, la chica señaló las puertas. Miré por la ventana. El tren se había detenido en la estación donde antes había subido. Habiamos hecho un bucle.
«Ahora tienes que salir» dijo la chica. Era una orden y no dudé en obedecerla.  Salí rápido del tren. Un tipo estúpido, leyendo un periódico, estaba en la plataforma, justo delante de las puertas y colisioné contra él. Siempe me dan rabia la gente que bloquean las puertas de los trenes. «Perdón» dijo el hombre, con su cara detrás del periódico, y entró. Las puertas se cerraron detrás de él y el tren se fue.