Mejor pais

Dicen que van a construir un mejor país.

¿Será un mejor país donde los mossos que mataron a Juan Andrés Benítez, quitaron un ojo a Ester Quintana, pegaron a inocentes en las manifestaciones de “15M” salieron impune? ¿Será un mejor país donde llaman traidores a Isabel Coixet, Joan Coscubiela, o Joan Serrat? ¿Será un mejor país donde se piensa que Puyol que “ens vaig robar” es un heroe? ¿Donde se piensa que los del partido del caso Millet son heroes? ¿Será un mejor país donde llaman vagos a los andaluces y fachas a los valencianos? ¿Donde llaman “democracia” que un voto en Girona vale el doble que en Barcelona? ¿Donde piensan que un referéndum es “democracia” (y no, no lo es), y donde, para más inri, un referéndum sin garantias, sin explicaciones sobre las consecuencias (tipo Brexit) es considerado “democracia”? ¿Donde se piensa que “un solo pueblo” es una frase bonita que justifica imponer políticas, sin respecto para gente que piensa de manera diferente y más allá de banderas y el uso populista de “el pueblo”? ¿Donde a base de – como máximo – una pequeña mayoría de votos, se justifica una declaración de independencia que no es lo que quiere una gran parte de la populación? ¿Donde si no quieres elegir entre dos malos, te llaman “equidistante” que parece que es lo peor?

No creo.

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Un referéndum no es democracia.

Mejor dicho, aunque un referéndum sea una forma de hacer democracia, en muchos sentidos fundamentalmente va en su contra.

Una democracia, a diferencia de lo que piensa mucha gente, no equivale a «hacer lo que quiere la mayoría». Al contrario, en una democracia parlamentaria representativa, todos los ciudadanos deben tener voz. Es decir, una democracia debe respetar y proteger la diversidad dentro una sociedad. Debería cuidar de los intereses de todos los ciudadanos y no solo de los de «una mayoría». Un referéndum hace lo contrario: da toda la razón a una sola opinión sin llegar a un acuerdo con los demás.

Para garantizar y proteger la democracia contra extremos como el fascismo o el comunismo, se necesitan algunas bases intocables , como por ejemplo la garantía de libertad de expresión y opinión o la igualdad ante la ley de todas las personas. Normalmente, esto se hace con una constitución. Un referéndum pasa por alto estas condiciones y no respeta el camino ordinario (y lento) de una democracia. Así, se pueden someter a voto cosas como el matrimonio homosexual (que debería ser un derecho fundamental y constitucional en cualquier caso), la pena de muerte (que nunca debería ser una opción) o «la voluntad del pueblo» (que va en contra de la diversidad en una sociedad).

Los referéndums siempre se justifican con el concepto «lo que quiere el pueblo». Ya hemos visto que este concepto va en contra de la idea de una sociedad diversa. En una democracia, cada individuo debería sentirse representado, independientemente de su religión, color de piel, género, orientación sexual y gustos. Nadie se puede considerar un «traidor al pueblo» por el mero hecho de tener una opinión diferente. Los que voten en contra forman parte igual de la sociedad.

Las decisiones políticas para gobernar un país deben ser prácticas, realistas y coherentes. La política nunca es elegir entre A o B sino entre un conjunto de decisiones que llevan a una serie de acuerdos. Todo está conectado y tiene consecuencias internacionales, económicas, climáticas, de empleo, etcétera. Sin embargo, los referéndums casi siempre son monotemáticos: ¿quieres A o B? Lo que resulta una manera muy fácil de manipular, o mejor dicho, de mentir a los ciudadanos. Si pongo en un referéndum «¿Quiere usted agua y aire limpios, sí o no?», me imagino que ganará fácilmente el sí. Con este resultado en la mano, puedo entonces prohibir los coches o solo permitir viajar en avión una vez cada cinco años. A ver cuánta gente estará de acuerdo con esto (yo sí, por cierto). Está claro que para poder elegir hay que conocer las consecuencias de esa elección. Por ejemplo, si quieres la independencia de una región dentro de un país que está en la Unión Europea, ¿también quieres salir de la UE? O, si quieres salir de la UE, ¿es verdad que habrá más dinero para los servicios públicos como la sanidad? El Brexit es un buen ejemplo de una manipulación de la gente para que votara en contra de sus intereses.

En una democracia se hacen cambios políticos y nuevas leyes por medio de un gobierno bajo el control de un Parlamento. Esto evita cambios radicales a corto plazo, pero a largo plazo significa que se puede influir en las decisiones ya tomadas , según las consecuencias de estas decisiones. Así se pueden controlar y corregir continuamente las consecuencias. Un referéndum es como tirar los dados: todo o nada, y luego a aguantar lo que pase.

No es casualidad, pues, que varios dictadores (Mussolini, Franco) hayan usado referéndums para simular una seudodemocracia. La idea de que «el pueblo elige» (que ya sin más es una idea populista) lleva fácilmente a la manipulación, la unificación, y la demonización de «disidentes» y «traidores» (los «no pueblo»). El referéndum es una manera obvia de pasar por alto el Parlamento, es decir, es un atajo antidemocrático.

Es evidente que una democracia de verdad, pues, es lenta, nunca te da exactamente lo que quieres, e implica concesiones entre los intereses de todos los ciudadanos y no un favor a algunos. Quizás la gente que cree en los referéndums debería entender mejor que en una democracia de verdad, la realidad es más bien como dijo un gran filósofo:

 

 

el árbol

El árbol crece
pero no me pertenece
ni a tí

Esta poesía
es una auténtica mierda
pero rima
(aunque dicho sea: no muy bien)

Ahora que
he llegado a
la parte cerca del
final

Sólo queda
pa decir
menos mal

 

La Cara

Entré en el tren del metro en la parada Maragall. Conseguí encontrar una silla vacía y allí me quedé medio dormido. Eran las 8, demasiado pronto para estar despierto. Aunque tenía los ojos cerrados, noté una luz que me molestaba y al abrir mis ojos vi una luz parpadeante que venía de una de las pantallas que colgaban en el tren. Tanto los trenes del metro como muchas paredes de las estaciones de metro en Barcelona tienen pantallas para que no se aburran los pasajeros. Allí ponen todo tipo de publicidad, avisos de robos y noticias del día. Seguía mirando la pantalla durante unos minutos y de repente me di un respingo y abrí mis ojos de par en par. ¿Esto qué había sido? No me lo podía creer pero después de unos cuantos minutos se repitió la misma imagen. Era yo. Mi cara. Sólo estaba en la pantalla durante unos pocos segundos, pero no me cabía ninguna duda que era yo. Me sonrojé y miré al mi entorno para ver si alguien más me había visto. Parecía que no. ¿Cómo habían conseguido una imagen de mí? ¿Y por qué? ¿Y quién? No era ni anuncio ni noticia, sólo mi cara sin más. Me quedé en el tren hasta el final de la línea y luego me quedé para la vuelta. En total vi aparecer la imagen de mi cara 56 veces durante el trayecto. Hice unas fotos de la pantalla con mi “smartphone“. Bajé en Diagonal, donde había una taquilla de información. Me quedé a unos metros de distancia del mostrador, dudando sobre qué hacer. Había dos personas en uniforme, un hombre y una mujer, atendiendo a un grupo de personas que, juzgando por la cantidad de cámaras, mapas y gestos de confusión, eran turistas. Detrás de ellos había otra pantalla mostrando un anuncio. Tardaron más que medio hora en ayudar al grupo y después había una pareja de edad avanzada que también necesitaron ayuda. Mientras tanto, mantenía mi distancia y miraba la pantalla. Cuando se fue la pareja, me quedé esperando, sin saber qué hacer. Justamente entonces, otra vez apareció mi cara en la pantalla. Lo tomé como una señal y me acerqué al mostrador.
«¿Ves?» dije y indiqué la pantalla con un dedo. Los dos miraron en la dirección indicada y luego volvieron a mirarme a mi, claramente sin entender qué quería decir. Por el rabillo del ojo vi desaparecer la imagen de mi cara del televisor.
«¡Soy yo! ¡Era mi cara en vuestra pantalla!» Sonaba ridículo incluso para mis propios oídos. «Mira…» dije y les mostré las fotos en mi móvil. Habían unas cuantas. Los dos miraron a las fotos y luego a mi y evidentemente seguían sin entenderme.
«¡Soy yo!» exclamé.
«No. No lo eres», dijo la mujer. Se encogió los hombros y se giró para atender a una chica japonesa que quería ir a la Sagrada Familia.
«Es más», añadió el hombre, «ni siquiera os parecéis mucho». Pero cuando vio mi cara incrédula, sacó un objeto desde abajo del mostrador. «Mira, uno de los cuántos objetos perdidos que encontramos cada día». Era un espejo. Me lo acercó para que viera mi cara.
¿Pero…, ésta era mi cara? Tenían toda la razón. La cara que ví en el espejo era completamente diferente de la que había fotografiado.
«Ten», me dijo y me dio el espejo. «Me parece que te hace falta».
Le di gracias y me fui con el espejo: tenía mucho en que pensar.

Todos juntos

La gente que quiere votar por “Junts Pel Si” tiende a disculparse por la presencia de Artur Mas y CDC en esta lista. Claro, es bastante extraño proclamar que quieres un “pais mejor” de “gente trabajador y seria” (cómo se puede decir estas palabras sin vomitar es un misterio) sin influencias de la malvada corrupción y tendencias anti-democráticas típicas de la política española y – especialmente – del PP, si a la vez apoyas a un grupo político que cuenta con la prominente presencia del CDC que tiene amplia experiencia con corrupción, apoyo incondicional a una policía violenta y muchos acuerdos políticos con – especialmente – el PP. Aún más si te das cuenta que si gana “Junts Pel Sí”, Artur Mas probablemente seguirá como presidente de la Generalitat, sin haber tenido que justificar su mandato nefasto de los últimos años.

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